Tres años después, ¿repetir lo de Octubre?

Tres años después, ¿repetir lo de Octubre?

Las múltiples y diversas convocatorias a propósito de los tres años desde aquel 18 de octubre de 2019, han contenido una idea común: “repetir lo de octubre”. Pero, ¿qué significa eso exactamente? En un breve discurso, el actual presidente Gabriel Boric, sintetizó la pauta sobre cómo interpretar estos hechos: “El estallido no fue una revolución anticapitalista y tampoco, como han querido instalar en los últimos días, fue una pura ola de delincuencia. Fue una expresión de dolores y fracturas de nuestra sociedad”. ¿Es esto así? ¿Cómo interpretar los sucesos del último trimestre de 2019? ¿Es algo que se puede repetir?

En un breve discurso, el actual presidente Gabriel Boric sintetizó una particular forma de comprender lo que han venido en denominar insistentemente como «Estallido social»[1]. De nuestra parte, hemos sido claros en entender los hechos del último trimestre de 2019 como una revuelta popular o, más atrevidamente, como un conato revolucionario[2]. Ya volveremos sobre esto.

Desde entonces ya han pasado tres años y los análisis sociológicos, políticos, históricos y hasta filosóficos han proliferado en los más variados formatos y calidades. De ellos, muy pocos destacan y los menos son certeros al describir el proceso que, guste o no, sigue en curso pese a los intentos de “institucionalizarlo” o, siguiendo las ideas de Roberto Esposito: inmunizarlo; es decir, reconstruir la protección que se ha resquebrajado para adoptar una forma defensiva (para el Estado) y ofensiva contra todo elemento externo capaz de amenazarla.

En esa misma línea, hemos dicho anteriormente que el «Acuerdo por la paz social y la Nueva Constitución» tuvo por objetivo “canalizar el descontento popular -de un modo seguro para la oligarquía gobernante- imponiendo un pacto por la paz que, a la luz de los hechos, los porfiados hechos, estuvo lejos de traer la paz social que pretendían” (Celedón, 2020), lo que quedó refrendado al concluir el trabajo de la Convención Constitucional, especialmente tras las declaraciones del Dr. Gaspar Domínguez, Fernando Atria y otros voceros del oficialismo, especialmente la visión de Camila Miranda, presidenta de la Fundación Nodo XXI (Celedón & Morales, 2022).

Sin embargo, los resultados del pasado 04 de septiembre en el «plebiscito de salida» y las consecuencias a casi 6 semanas de aquel, han tornado el escenario incierto y parecen reforzar las acusaciones, de la reacción opositora, sobre la falta de programa o “plan B” por parte del gobierno.

Pero aquello excede el propósito de este artículo y amerita hacer el seguimiento al devenir de las negociaciones que ya parecen dilatarse a lo menos hasta noviembre, tras el anuncio de la oposición, en voz del secretario general de Renovación Nacional, Diego Schalper: [octubre] “es un mes complejo, porque a ojos la ciudadanía, octubre suena a octubrismo y la verdad es que cuánto de eso influye simbólicamente en rememorar un mal proceso” (Romero, 2022).

Volvamos con el discurso de Boric. Expresiones como “ruptura”, “dolor”, “secuelas”, “fracturas”, “enojo”, “destrozo”, “desborde”, etc. se exponen vacías de contenido al formularse en abstracto y en un discurso con poca substancia, ambiguo y aparentemente centrado en “no quedar mal con nadie”. Más aún cuando, tras mencionar el dolor de las secuelas en víctimas de Carabineros de Chile, se reafirma la confianza en dicha institución policial, o como si no fuera suficiente, Boric dijera que “Para ser claro, las violaciones a los derechos humanos, como daños oculares, agresiones sexuales, lesiones graves, hasta muertes, no son aceptables y, a la vez, Carabineros cuenta con todo nuestro respaldo para combatir la delincuencia y asegurar el control del orden público en el marco del estado de derecho. No hay una dicotomía entre ambas posiciones y lo vamos a defender”, todo lo cual le valió críticas, por ejemplo, desde «Londres 38, espacio de memorias» (El Mostrador, 2022)

Estas ideas parecen tomadas de los investigadores del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y, especialmente, de la socióloga Camila Jara, para quien “La modernización neoliberal contuvo así una serie de cambios y transformaciones que apalancaron una desmovilización, pero que al mismo tiempo permitieron un acelerado proceso de trasformación sociales y el origen de una sociedad civil más crítica y exigente” (Jara, 2019). En su libro, publicado en diciembre de 2019, sostiene la tesis que la “modernización neoliberal” favoreció la desmovilización pero, simultáneamente, “generó y alimentó nuevas demandas que fueron canalizadas por medio de la acción colectiva, dando paso a un nuevo ciclo político con diversos cuestionamientos y desafíos para el proceso de profundización democrática del país”. No sería una desmovilización sino una “movilización latente”. Todo ello tras el trauma y la ruptura que significó la dictadura militar y sus continuadores concertacionistas.

Esta particular interpretación no es exclusiva ni original de Jara. De hecho, en nuestros análisis del material intelectual producido en las academias y centros de estudios, partidistas o no, es trazable a autores en apariencia no “vinculados” entre sí. De Jara podemos llegar a Raúl Zarzuri -también sociólogo- y los trabajos coordinados por Manuel Antonio Garretón y publicados por la editorial LOM en 2021: “Política y movimientos sociales en Chile. Antecedentes y proyecciones del estallido social de octubre 2019”[3].

La misma editorial también publicó el libro del historiador Mario Garcés Durán: “Estallido social y una nueva Constitución para Chile” a quien cabe reconocer recopila fechas, hechos y protagonistas, si bien su interpretación sigue adoleciendo de ciertas deficiencias, quizás producto del idealismo o el sesgo de un ex mirista, pero nunca al nivel de los periodistas Cristian Arcos o Hernán Narbona: el primero insistiendo en que todo se produjo a consecuencia de “una joven estudiante, camuflada entre la muchedumbre, saltó el torniquete de una estación del metro (…) La muchacha saltó alto como un acto espontáneo de rebelión. La siguió otra. Y luego otra…” (Arcos, 2021); o el segundo, que apela a un sueño colectivo manifestado en la búsqueda de cambios estructurales con una nueva constitución que desmontaría el modelo neoliberal instalado por Pinochet (Narbona, 2021)…

Pero podríamos continuar mencionando y recopilando diferentes autores y publicaciones (Peña, Ruiz, Cavieres, Retamal, etc.), todos los cuales, empero, unos más otros menos, se encuadran en una «posición sistémica» o funcional a la estructura oligárquica que domina lo económico y lo político en Chile.

No, lo que nos interesa está fuera de dicha estructura y pugna con la misma. Ya hemos expresado anteriormente que nuestra misión política, nuestra tarea revolucionaria, es ante todo contrasistémica; y, ciertamente, esta distinción entre lo “antisistémico” y lo “contrasistémico” no es algo sólo nominal: para el sociólogo Immanuel Wallerstein, lo antisistémico implica cierta aceptación de los principios fundamentales del Estado-nación moderno en tanto se empleen en favor de los excluidos; mientras que lo contrasistémico es su íntegra superación por otro sistema de convivencia.

Aclarado este punto, para una adecuada comprensión de los hechos debemos remitirnos a su antecedente más concreto y directo, pese a que muchos se esfuerzan en identificar “causas” y repasar los casi 33 años desde el pacto de transición democrática, ese contínuum entre la dictadura y sus sucesores o continuadores legales (Jiménez, 2020). El asunto es más sencillo y, paradójicamente, allí radica su complejidad.

¿Cómo partieron las movilizaciones de octubre de 2019?

Las evasiones y su progresiva masividad tuvieron su origen en las movilizaciones de los estudiantes del Instituto Nacional. Esta espontaneidad incomoda -y resta toda credibilidad- a quienes sostienen que todo devino a consecuencia del accionar de una organización simultánea y masiva, centrada en la destrucción del Estado y la destitución del presidente de entonces, Sebastián Piñera; pero lo cierto es que no. Aquello no fue así. Y esto hay que reconocérselo al historiador Sergio Grez, para quien esto “surgió y se desarrolló de manera absolutamente espontánea, pues no fue el resultado de una preparación previa ni de una convocatoria de una suerte de ‘estado mayor’ que, operando desde las sombras, ejecutara con eximia maestría un plan destinado a provocar el levantamiento popular” (Grez, 2020).

Es el 22 abril de 2019 cuando comienzan las manifestaciones y una serie de “incidentes” en el exterior del Instituto Nacional. Para entonces, la convocatoria recogía tópicos recurrentes -aún irresueltos- relacionados con la educación pública, pero especialmente contra el proyecto de ley «Aula Segura», aprobado a fines del año 2018[4]. Una cronología de estos hechos fue recopilada por la periodista Alejandra Jara en un artículo para La Tercera del 15 de octubre de 2019.

Hasta entonces, el asunto se circunscribía únicamente a una “crisis del Instituto Nacional”, y el alcalde de Santiago de la época, Felipe Alessandri, apuntaba a “agitadores externos” como los responsables de la violencia (Fernández, 2019). Con todo, para principios de octubre, y tras acciones intermitentes y evasiones circunstanciales, se sumaron las declaraciones de funcionarios del gobierno de Piñera y la acumulación de anuncios de alza en el transporte público, lo que motivó nuevas evasiones a las que sumarían otros establecimientos educativos de Santiago, como el Liceo N° 1 de Niñas.

Parte de estos hechos y testimonios, curiosamente, fueron recopilados por El Líbero en un reportaje de 18 de octubre de 2019. En él se entrevista a Rodrigo Pérez, presidente del Centro de Estudiantes del Instituto Nacional, quien a propósito de cómo comenzaron las manifestaciones, respondió: “Es una iniciativa propia de las bases, no hubo una discusión comunitaria participativa, sino que emergió desde una página que tiene harta influencia en el Instituto Nacional, que es derechamente de memes, sobre situaciones cotidianas del liceo”, y añade algo de sumo interés: “entendiendo que esto tenía un rol político, también nos plegamos al llamado”. (Garcés, 2019).

¿Cómo sería posible, entonces, “repetir lo de octubre”?

Imposible. Ni siquiera las movilizaciones tuvieron su origen “dentro” de la propia estructura estudiantil, sino que surgió de forma espontánea y al fragor juvenil. Luego, se añade el factor desgaste, la contrarrevolución y la acción institucional centrada en desarticular toda acción “fuera” de la institucionalidad o, dicho en simple, que exceda al Estado y sus órganos. En efecto, hasta la elección de Gabriel Boric y el resultado del plebiscito de salida respecto de la propuesta constitucional pueden entenderse como fenómenos que desmotivan, disuelven voluntades o provocan la desafección hacia las comunidades y la organización política, propia o ajena (Lee, 2022).

Desde luego, todo esto no implica que un nuevo alzamiento no pueda tener lugar; e incluso, que su intensidad y alcance sean superiores a lo ya visto anteriormente. La eliminación de las medidas sanitarias, limitaciones de desplazamiento, aforo y el recrudecimiento de la crisis económica son el “caldo de cultivo” de revueltas políticas.

Pero para ello, y como bien señala Julio Cortés, lo relevante es desprenderse de ciertas “nociones burguesas” de revolución, no tratándose “de “revuelta o revolución”, sino de profundizar y conectar todas las revueltas transformándolas en una gran revolución” (Cortés, 2022). Y aquella es nuestra posición: la transformación de los sistemas de convivencia parte en nosotros mismos. Es la revolución del ser que nuestros fundadores identificaran como “la Revolución del Hombre”. Revolución en tanto transformación, no sólo política, sino de la propia persona que integra la comunidad, dejando de entenderla como un sujeto aislado o simple engranaje en una estructura superior, sino como un ser provisto de nombre propio y trascendencia, misiones y tareas para con un todo del que debe ser parte.


Abstract: The multiple and diverse calls regarding the three years since that October 18, 2019, have contained a common idea: "repeat what happened in October". But what exactly does that mean? In a brief speech, the current president, Gabriel Boric, summarized the guideline on how to interpret these events: “The outbreak was not an anti-capitalist revolution and neither, as they have wanted to install in recent days, was it a pure wave of crime. It was an expression of pain and fractures in our society.” This is so? How to interpret the events of the last quarter of 2019? Is it something that can be repeated?

Palabras clave: estallido social, 18 de octubre, historia de Chile, política chilena, teoría de la revolución


Notas y referencias (por orden de utilización):

[1] Texto íntegro disponible en: https://prensa.presidencia.cl/comunicado.aspx?id=202973

[2] De entre múltiples artículos destacamos: https://mrns.cl/act/nac/se-vienehttps://mrns.cl/ideas/es/convencion

[3] Trabajo, además, apoyado por la fundación alemana «Friedrich-Ebert-Stiftung» (FES)

[4] Ley 21128, de 27 de diciembre de 2018. Texto disponible en: https://bcn.cl/2isns

Esposito, Roberto. (2005). Immunitas: protección y negación de la vida. Amorrortu Editores.

Celedón, Luis. (2020, 03 de noviembre). ¿Hay trampa en la Ley 21.200 y el proceso constituyente?. MRNS. https://mrns.cl/ideas/es/21200

Celedón, Luis & Morales, Antonio. (2022, 18 de julio). Sobre la estrategia de aprobar el rechazo, el miedo y la realidad del proceso en curso. MRNS. https://mrns.cl/act/nac/boric-strategos

Romero, María Cristina. (2022, 13 de octubre). Chile Vamos descarta que acuerdo constitucional se cierre en octubre y oficialismo insiste en "apurar el tranco". EMOL. https://www.emol.com/noticias/Nacional/2022/10/13/1075492/diferencias-por-octubre-plazoacuerdoconstitucional.html

El Mostrador. (2022, 18 de octubre). Londres 38 cuestiona a Presidente Boric tras discurso por 18-O: "Nos parece grave que no haga clara distinción entre violencia de agentes estatales y violencia social". El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/dia/2022/10/18/londres-38-cuestiona-a-presidente-boric-tras-discurso-por-18-o-nos-parece-grave-que-no-haga-clara-distincion-entre-violencia-de-agentes-estatales-y-violencia-social/

Jara, Camila. (2019). (Des)movilización de la sociedad civil chilena: post-trauma, gobernabilidad y neoliberalismo (1990-2010). Ariadna Ediciones. https://ariadnaediciones.cl/images/pdf/desmovilizacion.pdf

Arcos, Cristian. (2021). Enemigo interno. Planeta.

Narbona, Hernán. (2021). Explosión social de octubre 2019 en Chile: Análisis y antecedentes históricos. La construcción de un sueño colectivo. Fondo Editorial Periodismo Probidad.

Jiménez, Carola. (2020, 23 de diciembre). ¿La dictadura sigue vigente?. MRNS. https://mrns.cl/ideas/es/postdict

Grez, Sergio. (2020). Contribuciones en torno la revuelta popular (Chile 2019-2020). En Abarca Lizama, Ignacio. (Comp.). Editorial Kurü Trewa.

Jara, Alejandra. (2019, 15 de octubre). Cronología: Los hitos que han marcado la crisis del Instituto Nacional. La Tercera. https://www.latercera.com/nacional/noticia/los-hitos-marcado-la-crisis-del-instituto-nacional/861697/

Fernández, Oriana. (2019, 09 de julio). Alcalde Alessandri afirma que agitadores externos están tras conflicto del Instituto Nacional. La Tercera. https://www.latercera.com/nacional/noticia/alcalde-alessandri-afirma-agitadores-externos-estan-tras-conflicto-del-instituto-nacional/734207/

Garcés, Bastián. (2019, 18 de octubre). Las evasiones masivas en el metro de Santiago partieron por un meme. El Líbero. https://ellibero.cl/actualidad/las-evasiones-masivas-en-el-metro-de-santiago-partieron-por-un-meme/

Lee, Lun. (2022, 19 de octubre). Escasa convocatoria y consignas agotadas marcan el primer aniversario del 18-O post plebiscito. Interferencia. https://interferencia.cl/articulos/escasa-convocatoria-y-consignas-agotadas-marcan-el-primer-aniversario-del-18-o-post

Cortés, Julio. (2022, 17 de octubre). A 3 años del «Estallido Social» en Chile: resultados y perspectivas. El Porteño. https://elporteno.cl/a-3-anos-del-estallido-social-en-chile-resultados-y-perspectivas/

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